martes, 19 de marzo de 2013

La operación de Monsanto sobre Cristina Kirchner


Las patentes son mencionadas por los organismos internacionales de propiedad intelectual OMPI, EPO (EUROPA) o USPTO (EEUU) como un indicador relevante de la actividad innovadora en materia de ciencia y tecnología de un determinado país, pues en general, los inventores o creadores -empresas- protegen aquellos aparatos, métodos o productos que pretenden utilizar o comercializar en el territorio en el que solicitan un registro monopólico por 20 años.
 Los países de economías más desarrolladas acaparan aproximadamente el 95% de toda la inversión en ciencia y tecnología y un 96% de los registros de patentes sumando los EEUU, Europa. Japón, Canadá, China y Corea. Apenas un 0.5% de las patentes son creadas en Latinoamérica y El Caribe.
 Las empresas focalizan el registro de patentes en aquellas industrias en las que pretenden instalar monopolios o impedir que una industria local se desarrolle. Esa es la doble función de las patentes proteger monopólicamente o patentar en aquellas industrias en las que otro país es competitivo respecto de los países desarrollados.
 El caso más demostrativo junto al de la industria farmacéutica es la denominada agro-industria con sus organismos genéticamente modificados, sus semillas e insumos para el tratamiento de las plantas, siendo Brasil, Argentina y Paraguay tres de los cuatro mayores productores de soja y otras transgénicas del mundo. Las empresas multinacionales desplegaron diversas estrategias de dominación para diseminar y ampliar la frontera y las ganancias por propiedad intelectual engañando y cooptando sectores de gobiernos para llevar a cabo sus negocios y controlar los reclamos y críticas de organizaciones ambientales y la opinión pública en general.

En Argentina,  la inteligencia de Monsanto cooptó al entonces director de la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología, hoy ministro del área, Lino Barañao, quien estableció un sistema de préstamos (FONDEN y FONTAR) financiados con créditos del BID para proyectos de innovación originales o no (subsidios o préstamos con devolución) que en todos los casos debían ser susceptibles de ser protegidos por patentes a través de un tribunal de evaluación. La Agencia determina año tras año cuales son los proyectos susceptibles de recibir los subsidios.
 El director de la Agencia nacional a través del periodista y matemático Adrián Paenza, convenció al entonces presidente Néstor Kirchner, en medio de la disputa con Monsanto por el cobro de royalties, de impulsar un modelo de desarrollo tecnológico basado en el patentamiento de los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por científicos argentinos que luego de emigrar por mejores salarios en dólares o euros, querían ser repatriados a su país con buenos sueldos y mudanza asegurada. Era necesario para ello crear el primer Ministerio de Ciencia y Tecnología, un golpe de efecto poderoso para quienes no diferencian demasiado (como los presidentes) la ciencia y la tecnología de fetiche, a la de negocios empresariales.
 Así se planeó la construcción de un Polo Tecnológico para concentrar físicamente a los investigadores repatriados para los proyectos agro-tecnológicos, nano-tecnológicos y de punta, aunque el mayor negocio es el de las compañías transgénicas pues el plan cierra cuando recursos del Estado nacional son invertidos ahora para investigaciones destinadas a “desarrollos innovadores nacionales” que tendrán como destino las ganancias de las empresas semilleras que hacían lobby a Néstor Kirchner por el pago de royalties de propiedad intelectual.
 Fallecido Néstor, la presidenta fue finalmente convencida por Barañao y sus colegas de CONICET que el patentamiento de los desarrollos hechos en Argentina por científicos repatriados argentinos, era la mejor forma de lograr una ciencia aplicada a su modelo de “crecimiento con inclusión social”. Los científicos y los desarrollos financiados por su gobierno, (alrededor de unas 20 solicitudes de patentes) a cambio de ganancias fabulosas para las empresas Monsanto, Syngenta, Cargill o Nidera quienes monopolizan mas del 80% de las semillas transgénicas en todo el Mundo.

(En la foto, los funcionarios Hernán Lorenzino, Héctor Timerman, Déborah Giorgi y la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner en una reunión con directivos de la empresa Monsanto.)

Leer completo el artículo de Marcos Piña para el Observatorio Sudamericano de Patentes aquí.


No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada