jueves, 12 de mayo de 2016

La frustración

Está leyendo de costado una columna de opinión de Bernardo Stamateas acerca de la frustración. Dice en ella algo acerca de un bebé que quiere alcanzar una pelota y cuánto mejor es que lo intente por los propios medios aunque tarde y falle antes que sean los papás quienes le acerquen el juguete y listo. De la anécdota pueril, simpática y canchera salta a cuestiones filosóficas, digámosles así, generales y va hilvanando alguna conclusión, del tipo frustración + esfuerzo = éxito según el cálculo feliz de la autoayuda.
De pronto irrumpe la realidad  más inmediata, y el artículo afirma: “La inflación genera mucha frustración y un pensamiento a corto plazo, pues el dolor, la ira y la angustia que genera el hecho de no poder llegar a fin de mes le roba a la persona la capacidad de planificar a largo plazo y vivir en el inmediatez del ahora. Por eso, construir proyectos hacia adelante, a pesar de la frustración presente, puede ser otro elemento a tener en cuenta”.
Epa, larga el escrito porque él lo había elegido antes que las palabras cruzadas con el simple objetivo de un recreo, pasar el rato, y ahora huele en él algo de propaganda subliminal.
Se levanta y va a cambiar la  yerba del mate. Sobre la mesa queda el diario, la pila de parciales que tiene que corregir para lunes y, un poco más allá, la factura del agua que sólo dios sabe cuándo podrá pagar.

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