viernes, 16 de agosto de 2013

Lázaro Cárdenas


Busca, una vez más, armar la clase mezclando algunos episodios pasados importantes con otros de la actualidad; siempre ha pensado que, al menos en su materia, es la mejor manera de que los estudiantes palpen en concreto la dimensión histórica como un  proceso abierto y que nos atraviesa. Eso sí. Esta vez está decidido a meter a la América latina sea como sea. El problema a resolver es que el material es tanto que apenas puede dedicar algunos minutos por clase y unas pocas de páginas de lectura a eventos que, obviamente, merecen un mejor y más largo tratamiento. Pero qué se le va a hacer, hay que arreglarse.


Mientras revisa el material sobre la revolución mejicana se topa con algunos dichos de los periódicos actuales. Resulta que el gobierno de Méjico se ha lanzado a una aventura de naturaleza privatizadora del petróleo a partir de la “invitación” a algunas grandes empresas extranjeras para que compartan riesgos y beneficios con la estatal Pemex. Con tal fin, el presidente resolvió recurrir a la engañosa táctica de utilizar la histórica figura del mismo general Lázaro Cárdenas para dar la impresión de que su iniciativa tendría el aval del prócer mexicano. La moraleja que se busca instalar es que una mayor participación de Exxon-Mobil y Halliburton automáticamente beneficiará al pueblo de México.
Lee rápido, se indigna, habla solo, piensa hasta qué punto la estrategia publicitaria en el norte de América se parece a la que aquí abajo rodea al acuerdo YPF-Chevron… Finalmente decide que, aunque tenga que seguir dando clases en enero, sus alumnos se van a enterar de quién fue verdaderamente Lázaro Cárdenas y cuál la suerte del petróleo mexicano que está en juego.


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