miércoles, 5 de noviembre de 2014

Tras los incidentes en el Consejo Superior de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC): solidaridad con los estudiantes que luchan contra Monsanto

“Me gustan los estudiantes porque levantan el pecho,
cuando les dicen harina sabiéndose que es afrecho.
Y no hacen el sordomudo cuando se presente el hecho,
Caramba y zamba la cosa ¡el código del derecho!”
Violeta Parra

El rector Francisco Tamarit (en la foto “perseguido” por el estruendo del trombón protestón) insiste en cortar el hilo por lo más delgado. Primero se ensañó con el Decano de Agronomía, Marcelo Conrero, a quien identificó como autor de las relaciones carnales con Monsanto, cuando en realidad no hacía otra cosa que ajustarse a lo prescrito por el Poder Ejecutivo Nacional. Ahora, pretende responsabilizar del escándalo que sacude a la UNC a los estudiantes y ambientalistas que ingresaron a sesión del Consejo Superior para repudiar los vínculos establecidos entre ésta, los SRT y la empresa transnacional, afirmado que el accionar de los mismos le resulta “traumático e inusual”.

De manera asombrosa Tamarit “olvida” su pasado estudiantil, cuando la agrupación en la cual militaba se dedicaba sistemáticamente a proferir insultos y bañar con saliva en las sesiones del Consejo Superior al por entonces Secretario General de la UNC, Nilo Neder, o al inefable Rector, Mario Piantoni. Coincidentemente, varios Consiliarios se han mostrado molestos frente al “atrevimiento” de los estudiantes y rechazando sus formas de lucha, las cuales -aunque les resulte sorprendente- no difieren sustancialmente de las empleadas por el movimiento estudiantil a lo largo de la historia de esta Universidad, como, por ejemplo, en 1918.

Pareciera que los funcionarios que se dicen “reformistas”, identificados con el ideal realista y pontificio que los llevó a encontrarse retratados en el vetusto óleo de los “400 años”, pensasen que la actual Universidad fue traída por la cigüeña o es un ente ahistórico.

Sin embargo, lo cierto es que en el afán de encubrir la responsabilidad de Cristina Fernández -la verdadera garante de Monsanto en Malvinas-, el Rector y su bancada no tienen otra ocurrencia que intentar capear el temporal buscando chivos expiatorios y distraer el debate sobre la articulación de Ciencia y Tecnología, el CONICET y el sistema universitario nacional con los agronegocios. Un debate que, dicho sea de paso, pretenden acotado a la mesa del Consejo Superior.

Ayer incendiario, hoy bombero, Tamarit no ha dudado en aportar filmaciones y elementos de reconocimiento a la justicia, bajo el supuesto -sin fundamento alguno- de que el “vitrolaje” contra el Decano de Agronomía, el Secretario General de la Universidad y una docente presente en la sesión del Superior, contenía el “temidamente inocuo” Glifosato de Monsanto.

Dicha conducta policial hace reincidir a Tamarit en la misma práctica que lo llevó a proteger al General Milani tras el espionaje realizado por éste y la gendarmería contra la anterior conducción de ADIUC, razón por la cual, es decir, por el olfato de clase, el gran empresariado amigo de Monsanto rápidamente se sumó al unísono al repudio del Rector contra los estudiantes y ambientalistas que ingresaron al Consejo Superior. Hecho que quedó de manifiesto en el comunicado de la Bolsa de Comercio, la Cámara de Comercio, la Cámara de Comercio Exterior, la Cámara de la Construcción, la Federación Comercial, la Unión Industrial Córdoba y la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez), quienes no dudaron a la hora de apuntar contra los “revoltosos” haciendo propias las acusaciones de Tamarit.


Sin embargo, lo más lamentable ha sido la actuación de oficio de la Fiscal Graciela López de Filoñuk, quien intervino ante el infundado empleo de Glifosato por parte de los ambientalistas contra un grupo de funcionarios enredados con Monsanto. Actitud coincidente con la del Decano Conrero, quien, por su parte, efectuó una denuncia penal por el mismo tema.

Ver a la fiscal tan solícita en la investigación porque un par de amigos de Monsanto habrían sido rociados con una sustancia de la cual no tiene pruebas que fuera Glifisato y, a la vez, tan pasiva ante cientos de pueblos que a diario son duchados con Glifosato real, recuerda la trama de una película del neorrealismo italiano.

¿No hubiese sido correcto que, en lugar de criminalizar la “ofensa”, la justicia y los funcionarios de la Universidad promoviesen acciones legales contra los responsables de las fumigaciones que padecen los pueblos agredidos por las cerealeras? ¿No hubiese sido acertado que aportasen elementos de pruebas científicos e independientes, generados por la Universidad Pública y Gratuita, para enjuiciar a Monsanto, Cargill, Bayer o DuPont Pioneer, en lugar de perseguir a quienes luchan contra semejantes corporaciones?

Olfato de clase, judicialización de la protesta, garantía para los agronegocios, lo cierto es que un grupo de estudiantes y ambientalistas resultan hoy, en provecho de Monsanto y el gran empresariado aliado al Rector, víctimas de una burda maniobra.
Vaya para el movimiento estudiantil nuestra absoluta solidaridad.

Prof. Eduardo Maturano y prof. David Dib
Docentes de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNC.

Integrantes del Frente de Recuperación Gremial


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