martes, 4 de noviembre de 2014

Cielos venenosos

En la media hora que hoy le toca para almorzar decide ir a tomar un poco de aire y carga el tapercito del arroz con aceitunas y atún y la botella de agua hacia la plaza con más cemento que pasto; reza para que esta vez le sea dado encontrar algún banco libre a la sombra. Está por cruzar Callao cuando advierte el cartel pegado prolijamente con cinta scotch sobre la columna de metal verde y se detiene a leer.

La convocatoria dice: “Frente a las devastadoras consecuencias de estas prácticas sistemáticas, la Red de médicos de pueblos fumigados, Paren de fumigar y la Unión de Asambleas Ciudadanas convocan las comunidades educativas y a todos los que quieran adherir y solidarizarse con esta lucha, a una audiencia pública el día martes 28 de octubre de 2014 a las 16 horas, en el Congreso de la Nación argentina”.

Al costado de las letras grandes y negras se puede ver la imagen de un avión fumigador y un poco más abajo la conocida señal vial que le indica a los automovilistas que reduzcan la velocidad porque hay un colegio allí cerca. Y se imagina entonces la escena de un filme de terror: un grupo de chicos dispuestos a comer, como él ahora, en el tiempo del recreo largo, cuando de repente un aeroplano los cubre con su sombra y de inmediato los baña con pesados y fluorescentes venenos. En ese instante el estruendo de algún motor lo despierta de la pesadilla diurna, y se pregunta cómo es posible que exista un mundo en el cual el sustantivo “escuelas” permita que el adjetivo “fumigadas” se le vuelva una calificación habitual.


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