jueves, 12 de junio de 2014

Santa Rosa y la virgen

(Por Bruno Mondino, especial desde la ciudad de Santa Rosa)- La fiebre y los virus que el invierno arrima por estas tierras australes y pampeanas, se suma a otra fiebre denostada por intelectuales y gente bien pensada en general que ve en el mundial de fútbol la plasmación de una serie de demonios y vicios, que, básicamente atontan, adormecen. No me encuentro entre estos pensadores, comparto las críticas, las entiendo, pero no estoy entre el grupo que denosta, sino más bien entre los afiebrados y atontados. Sobrevuelo; asiento; me pongo circunspecto; escupo sobre publicidades patrioteras pero todo eso cae cuando el mundial está cada vez más cerca. No discuto mi veletismo, una cosa es el fútbol y otra la parafernalia, ya está, lo tengo resuelto, pero es sabido, uno ha venido a este valle de lágrimas a sufrir.


Mientras veo, goloso, los ámbitos donde nuestros héroes se recuperan de las fatigas deportivas o, toco madera, de una fatídica lesión enviada por el maligno al bueno de Rodrigo Palacio. Veo, brillante y sentenciosa sobre el locker, a una réplica de la Santa Virgen, intento no verla, pasarla por alto, pero no, el periodista deportivo que de rellenar el silencio sabe mucho, cuenta feliz que “la virgen acompaña a todos lados a los jugadores”, otro sapo que debo tragar: la fe de los players, que quizás me añade sin quererlo. Si al menos fuera la iglesia maradoneana…

Esta imagen me trae al planeta La Pampa, ya que en la planta baja de la sede de la Universidad Nacional hay una réplica de la virgen, derecho, a unos veinte metros de la entrada. Como con el mundial, nunca pensé en criticar su presencia de algún modo vehemente, creo que nunca la vi, y si la vi, nunca me importó. Los ídolos cristianos suelen ser discretos, y esta virgencita acovachada lo es en grado sumo. Pero, es cierto, ahí está. Hace unos meses una agrupación política, con banderas sobre todo feministas, de la Facultad de Ciencias Humanas de la UNLPam llamada Cardo Ruso erigió un santuario en el segundo piso del mismo edificio a una virgencita llamada por Cardo Ruso como “Santa Concha”. La santa de labios abiertos con un velo celeste encima se aproxima bastante a la imagen tradicional.

En un mensaje por una red social la agrupación llamaba a despertar a los “dormidos”, con esa tendencia iluminadora que las agrupaciones estudiantiles de izquierda lastimosamente no pueden abandonar, para que se enteren de que hay una virgen en la planta baja, y que no corresponde que esté, si es que la Educación en Argentina es laica, y dejando de lado la imagen de mujer que la virgen transmite y que Cardo Ruso expone certeramente. Tienen razón. Hasta aquí esta historia. Pero a esta acción destituyente del reinado virginal y otras, vaya si hubo reacción.


Los grupos católicos salieron a defender con uñas y dientes la permanencia de la virgencita en la Alta Casa. Cuando uno se piensa que la religión acá ya es cosa de antes, se da cuenta de lo equivocado que está. Muchos dijeron que no molestaba a nadie; otros, salomónicos propusieron que haya tantas imágenes como cultos legales existiesen; otra estudiante de abogacía al borde del paroxismo aducía que a quien le iba a rezar antes de un final, algunos menos practicantes pero no menos místicos asentían compungidos; en algunos corrillos se veían oscuros deseos de incendiar a las brujas feministas, no faltó quien le echara la culpa a Cristina. ¿Por qué se indignan tanto? ¿qué se esconde detrás de esta exigencia intolerante? En estas preguntas, el cronista acrítico se retoba. Y otra vez, los bien pensantes, la reserva laica de la Patria se puso en marcha para sacar a patadas a la virgencita que está ahí, firme con las manitas juntitas y un poco asustada. Hubo un debate en el Aula Magna, los católicos siempre demandantes del diálogo no asistieron, los laicos, verborrágicos y encartelados como panelistas de TV con la leyenda “Estado laico, universidad laica”, cantaron flor en el debate sin contendientes. El Consejo Superior de la UNLPam deberá decidir.

Los liberales de principios del siglo XX tenían claro que el Estado moderno debía ser laico y su educación también y creo que no eran ningunos progres, después la historia conocida: 1930 y la reacción, la vuelta al culto sostenido, con los ecos aún vigentes que hacen que esta virgen criolla y montaraz se instale en la universidad pampeana en 1980, de la mano de una dictadura que no era muy cristiana, pero sí muy católica.
Sobran razones para que esa imposición que suele esgrimir la grey católica se acabe. No es una cuestión de intolerancia laica, no todos somos católicos, no todos tenemos algún culto. Y, lo más importante, para algunos ciertos símbolos en determinados ámbitos engendran significados, que una vez develados, puestos en juicio, no se pueden soslayar sin que quede la sensación de que siempre se está perdiendo.

Que los universitarios estudien y aprueben encomendándose sin réplicas cercanas, que los futbolistas ganen la copa, o al menos un partido a los alemanes, y no recen que ya no tenemos a dios pero sí al messías. 


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