sábado, 28 de junio de 2014

Las batallas por la patria, una comedia de las equivocaciones

Aparentemente los sucesos de hace poco más de una semana fueron así y su onda expansiva todavía sacude el norte del conurbano bonaerense. Ocurrió que el subsecretario de Educación provincial, Néstor Ribet, estaba ingresando al microestadio de la Universidad Tecnológica Nacional regional Pacheco, lugar donde debía realizarse la jura a la bandera criolla cuando fue interceptado por el intendente de Tigre, Julio Zamora y la esposa de Sergio Massa, líder del Frente Renovador, señora Malena Galmarini. El mentado dúo le informó sin más al subsecretario acerca de los cambios que se habían realizado de cara al acto, por lo que, chau, su participación no era necesaria.

De tal modo, impidieron al Ribet tomar la promesa a la bandera a los alumnos de cuarto grado de las escuelas de ese municipio. Según el comunicado del organismo, los massistas alegaron que dicho acto lo llevaría a cabo el mismo Massa, valgan las cacofonías.


Cuando llegaron las denuncias cruzadas Zamora no desmintió haber impedido al funcionario sciolista tomar el sagrado juramento, aunque argumentó otras razones más nobles: que durante el acto le reclamó a Ribet por “el abandono de las escuelas y recortes de fondos en los comedores”. Algún medio local reprodujo estas palabras del comunicado oficial: “En lugar de venir a los actos del municipio para la foto, que resuelvan la situación de los tres mil pibes de Tigre que tienen las escuelas rotas y se quedaron sin comedor”.

Por su parte, el impedido subsecretario declaró que “intentó explicarles (a Zamora y a Galmarini), en vano, que por una cuestión reglamentaria el acto debe llevarse a cabo por parte de la máxima autoridad educativa de la provincia presente en el lugar” y acotó que el acto de promesa de lealtad de los alumnos “no tiene validez y deberá realizarse de nuevo porque el Reglamento General de Instituciones Educativas indica que debe ser tomada por la máxima autoridad educativa presente”.

Un poco más tarde, la cartera educativa que conduce Nora De Lucia sumó sus gritos: “en un hecho insólito, Massa echó a los funcionarios provinciales que tenían que tomarle juramento a la bandera a los alumnos de 4° grado para hacerlo él mismo y convertir un acto educativo y familiar en parte de su campaña política”, y un par de días más tarde rajó a un par del establecimiento en cuestión, supuestamente los más permisivos con los deseos massianos. En fin, un paso de comedia de las equivocaciones.

“Qué se le va a hacer”, dicen que dijo irónica la experimentada directora de una escuela de Tigre, “así de definitivas son las batallas por la patria”.


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