viernes, 12 de septiembre de 2014

Cultura del trabajo

La idea era hoy empezar con el Facundo a través de un contexto general de la formación de la nación argentina allá por el siglo diecinueve. Pero resulta que se topó esta mañana con esas fotos, las que ilustran el depósito pergeñado por la empresa Lear para impedir el contacto de los sindicalistas rebeldes con el resto de sus compañeros.

La noticia informa que la fábrica venía desoyendo la intimación judicial desde hacía más de un mes. Se trata de delegados elegidos libremente por el resto de los trabajadores y entonces, aunque el Ministerio de Trabajo y los burócratas sindicales del SMATA comploten, lo cierto es que la justicia determinó que no podían pasarse por arriba así como así los fueros que surgen de la representación genuina. Por lo tanto no podían ser despedidos ni denegada su entrada al establecimiento.


Así que después de múltiples excusas y dilaciones, y de las protestas heroicas con plantones masivos en la Panamericana soportando la carga de las huestes de Sergio Berni, Lear debió permitirles el acceso. Lo hizo de manera curiosa: confinándolos durante las horas de su turno diario a una prisión de plástico de tres metros de lado, para asegurarse de que los infectados no entraran en contacto con el resto y produjeran el contagio.

Hace poco les llegó al colegio un material oficial que, a trazo grueso, describe los logros que supone la recuperación de la “cultura del trabajo” después de la crisis del 2001. Esta semana, desde el libro de Domingo Sarmiento, debería perorar sobre la dicotomía entre “bárbaros y civilizados” en el momento de fundación de la Argentina. Pero la pregunta es cómo hace, de cara a una jaula para obreros en el interior de la filial local de una empresa estadounidense, que aparece fotografiada en la primera página de un periódico nacional sin que el gobierno patrio diga ni mu, cómo hace para hablar de la barbarie en términos de hecho del pasado.


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