miércoles, 16 de marzo de 2011

Odio platónico

Los celos y el furor no sólo toman como presa a los simples mortales sino también a los inmortales filósofos. Según cuentan algunos testigos posteriores, como el renombrado Diógenes Laercio, parece que Platón montó en cólera ni bien se enteró de que los escritos de Demócrito se habían anticipado a formular algunos de los conceptos que lo volverían famoso. Tal cosa ocurría con la noción de eidos, forma o idea, y con la de no-ser, que buscaba impugnar las aseveraciones de Parménides. Enardecido, el autor de la República habría entonces dispuesto que se quemaran los libros de Demócrito que aguardaban su distribución. Dos sofistas amigos, Clinias y Amyclas, disuadieron rápido al discípulo privilegiado de Sócrates, e impidieron que quedara inscripto por tan desacertada acción en la memoria de los hombres con el simple argumento de que ya hacía mucho tiempo que las obras de Demócrito estaban en poder de los atenienses.
La anécdota la reproduce Néstor Cordero en su bien interesante La invención de la filosofía. Una introducción a la filosofía antigua (Buenos Aires, Biblos, “Filosofía”, 2008).


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