jueves, 31 de marzo de 2011

Carta desde la cárcel de Roberto Martino: "Como superar guatemala sin caer en guatepeor"

Kirchnerista o anti-kirchneristas, cristinistas, o anti-cristinistas, tal parece ser -para las organizaciones populares; como para la mujer y hombres de a pie- las disyuntivas.

Es tal la confusión política que ha generado esta nueva irrupción peronista, bautizado como kirchnerismo, que la misma atraviesa transversalmente tanto a las organizaciones populares como a las patronales.

Tanto el espectro de la izquierda y del llamado campo popular y nacional, como a entidades tipo Unión Industrial Argentina, Mesa de Enlace, etcétera.

Así es como vemos transitando la misma vereda a los Chicagos Boys (antes Lousteau, Redrado, y ahora Boudou), los desaparecedores Blaquier; Ratazzi, los varones del conurbano; Scioli, Moyano junto a Eve de Bonafini, Pérsico, D´Elia, Yasky, Sabbatella y varias agrupaciones y militantes que fueron parte de la resistencia en los noventa.

En la vereda de enfrente encontramos a Duhalde, los Sáa, Solá, Carrió, Macri, Alfonsin, De Genaro,  Solanas, la Sociedad Rural, las otras organizaciones agrarias; Magnetto, etc., junto a sectores del trotskismo y el maoísmo vernáculo, y ahora también, del nacionalismo popular como Libres del Sur.

Entre esas dos veredas, y en una franja muy delgada, hay otras fracciones del trotskismo y unos cuantos destacamentos con intenciones revolucionarias. Todos, con el denominador común de la escasa gravitación social como política.


De los motivos que "dividen" a las organizaciones empresarias, no nos vamos a encargar aquí; nos preocupa -hoy- la diáspora popular.

Antes queremos señalar que tanto en una como en otra vereda no todos comparten una misma o única opción política,-y menos ideológica- y que en varias cuestiones cardinales existen más afinidades entre miembros de vereda opuestas que en el seno del mismo espacio.

El denominado espacio kirchnerista contiene a organizaciones y militantes populares que - en consonancia con la propaganda gubernamental- no dudan en identificar a esta como la continuidad de los postulados que llevó adelante la generación revolucionaria de los años ´60/´70 o, al menos de aquella identificada con Montoneros.

En cambio, para las organizaciones y militantes populares de la otra vereda del kirchnerismo, no es más que la máscara "progre" del Partido Justicialista (y de las clases dominantes) ante la correlación de fuerzas surgidas (o impuestas) con la rebelión de 2001/02.

Estamos así, casi, ante la reedición de la polarización vivida en el período 1945/55 (e incluso en los 70) en torno a la figura de Perón, remplazada hoy (o igualada, para algunos) por Néstor Kirchner.

No es menor el hecho de que dicha polarización sea alentada desde el poder político sino también desde la "oposición". ¿Qué hay de cierto -o falso, hoy- en una u otra visión?

Es innegable que la aceptación política del kirchnerismo, hoy, entre las capas más pobres y mayoritarias de la clase trabajadora -como también en alguna franja de la pequeña burguesía- responde, sin ninguna duda una serie de medidas que han significado una mejora en las condiciones vida de millones de personas.

Medidas como la Asignación Universal, el Plan Argentina Trabaja, la ley de matrimonio igualitario y de radio difusión, los aumentos en los haberes de jubilados y pensionados, el restablecimiento de paritarias, la derogación de las leyes de Punto final y Obediencia Debida, la condena de algunos de los más emblemáticos represores y una importante recuperación en el nivel de empleo y del consumo, constituyen -sin ninguna duda- una fuerte base material sobre la que se despliega la propaganda oficial. Propaganda con un fuerte tono democrático y progresista, no conservador ni retrógrado.

Ello explica el porqué de la expectativa que ha despertado el kirchnerismo.

No es casual que estas expectativas se hayan ensanchado el último año, después de la derrota de Néstor Kirchner en las legislativas del 2009 y después de las medidas que obligo a realizar dicha derrota.

Todo esto significa que para comprender la evolución política de la situación, el porqué del rumbo de la misma es necesario remontarse al pasado más inmediato, que es lo que hacen las grandes masas.

Éstas no se alimentan de especulaciones teóricas, sino que se orientan por la práctica de las vivencias últimas. Solo fracciones pequeñas de las mismas pueden proceder conforme con lo que algunos denominan memoria larga.

De allí que las nuevas generaciones, las contemporáneas al 2001 -y que son las principales protagonistas hoy- lleven en su ADN social, junto a la experiencia de lucha, el recuerdo de la crisis, la decadencia, la desocupación, la corrupción, etc., etc. Frente a aquel panorama social ¿No es acaso "indudable" de que el sentido común parece indicar un giro de 180°?

La cuestión es determinar cuánto de real tiene ese sentido común.

Memoria larga

Si algo distingue -o debiera- a la vanguardia política del resto de las fracciones de su clase y de la masa en general es justamente, su capacidad para ser depositaria de eso que llamaremos memoria larga, es decir, de "ver" los acontecimientos más allá de lo inmediato. De descubrir las tendencias que configuran una situación determinada y saber definir cuál de ella es la principal, la que "arrastra" a las otras. De penetrar en la esencia de las cosas, más allá de las formas y apariencia que nos brindan los sentidos.

Desde esta óptica, que es la única óptica con la que debemos analizar los procesos sociales, las medidas económicas y políticas tomadas por la actual administración aún (con el reconocimiento de un restablecimiento parcial de algunos de los derechos largamente conculcados) ¿apuntan a cavar con las causas estructurales de la explotación y la dependencia externa o al menos de esta última?

La respuesta a la primera parte de la pregunta es rotundamente no, con el agregado de que prácticamente ninguna de las corrientes populares que conforman el arco kirchnerista, tienen como norte la dictadura del proletariado.

Si no están por el socialismo, ¿al menos están a favor de una nación independiente?

Aquí es necesario establecer una distinción: si bien el grueso de la fuerza gobernante -sobre todo sus principales cuadros- tampoco comulgan con un proyecto así, no es menos cierto que existen una serie de agrupaciones y militantes que aspiran a ver una país independiente ¿en qué nos basamos para sostener que este gobierno no está interesado en cambiar -de fondo- la estructura social heredada de la dictadura?

En lo siguiente:

-El sector que lidera la lista de ganadores del actual modelo son los bancos.
-El pago de la deuda externa fue transformado -por la actual administración- en una cuestión de honor nacional, contrariando toda la historia de lucha contra el carácter ilegítimo y fraudulento de la misma.
-El proceso de extranjerización (de la tierra como de la industria) se ha profundizado. Hay 17 millones de hectáreas en manos de personas o figuras jurídicas extranjeras que afectan directamente la figura nacional.
-El comercio exterior de granos -parte esencial de nuestros ingresos- continúa, como hace décadas en manos de 5 transnacionales. Lo mismo vale para el petróleo y el gas.
No está en duda (y ya lo expresamos renglones más arriba) que en estos últimos años hay una mejora en el nivel de vida y un restablecimiento -parcial aún- de derechos conculcados; pero esa mejora no se asienta en un plan de desarrollo integral, armónico, donde la industrialización, la producción de  maquinarias, equipos e infraestructura sea lo principal, lo que arrastra toda la cadena económica.

Por el contrario la actual mejora se asienta en el crecimiento de tres sectores que no solo refuerzan la deformación económica de nuestro país, sino que la hacen más dependiente y frágil ante el curso de la economía mundial.

Esos sectores son:
A) la expansión de la frontera agropecuaria, en torno a la soja principalmente,
B) la explotación minera (además a cielo abierto); y
C) la producción automotriz.

En las dos primeras el valor agregado es prácticamente nulo, mientras que en la otra somos una ensambladora, ya que el 70 % de los componentes son importados; fiel reflejo de cuales sectores dictan las leyes en dicha rama.

Pero ahí no acaba la cosa. Hoy, solo cinco ramas industriales reúnen más del 60% de la producción industrial del país. Las ventas de las trasnacionales de origen extranjero significan el 43% en comparación con el 27 % que tenían apenas 8 años atrás (2002).

A pesar de lo acotado de estas puntualizaciones, consideramos que son lo suficientemente demostrativas de que -efectivamente- no existe ninguna ruptura con los lineamientos económicos fundamentales impuestos por la dictadura del 76, entre otras razones, porque no existe ninguna fracción burguesa interesada en ella.

Ya en el 73, el regreso de Juan Perón terminó por desnudar los límites de la llamada burguesía nacional.

Es muy necesario tener presente esto para no dejarse marear por los cantos de sirenas de una "nueva" burguesía nacional.

Ideología y política

Tener claro el proceso general, los intereses en juego, las apetencias de las distintas clases sociales, es de gran utilidad, pero no resuelven todo el problema.

La otra parte, no menos importante, es saber definir una táctica -política- correcta.

No basta la denuncia en general sino va acompañada de una acción capas de ser asumida por sectores importantes de nuestra clase.

Y es aquí donde, los que componemos el arco de la izquierda marxista, mostramos una gran carencia.

Vivimos convencidos de que la sola denuncia ideológica (cuando la hacemos) es suficiente para imprimir un determinado curso a la historia.

Incluso parece germinar la idea -en algunos camaradas- de que ante determinadas condiciones económicas y políticas estamos condenados, de antemano, a ser una minoría sin ninguna relevancia política.

Estas conclusiones se derivan, sin dudas de una lectura determinista (y por lo tanto anti-dialéctica) de la historia y la política.

Para los que sostienen esta concepción sería una aberración, una falta a los principios, el acuerdo de Lenin con los alemanes para llegar a Rusia en abril de 1917; la paz de Brest-Litovsk, o la NEP; así como saber -aquí, en nuestro país- que Santucho impulsó la participación electoral no solo en 1964, sino también en 1972 y 73, por ejemplo.

Hete aquí uno de los mayores obstáculos (sino el más grande) que arrastramos para construir poder popular.

Nuestra política, basada de mechar fragmentos de ideología con algunos principios, nos terminará condenando a la inacción o alineándonos con los sectores más conservadores y retrógrados, y cada vez más alejados del pueblo.

El único camino... es -en primer término- batallar contra dichas concepciones que nos han impedido consolidar lo que habíamos alcanzado construir.

En ese sentido hay, por lo menos, dos tareas centrales: una es el reagrupar a toda una franja del marxismo revolucionario y otra, conformar un arco mayor con sectores que hoy están dentro (y otro fuera) del kirchnerismo, sobre la base de un programa que contemple los problemas cardinales de la Nación, entre los cuales debieran estar:

-Estatización del petróleo, la energía y el comercio exterior.
-Auditoria y no pago de la deuda externa.
-Puesta en marcha de una reconstrucción integral de los ferrocarriles.
-Nacionalización de toda la tierra en manos extranjera.
-Profundización de la democracia sobre la base de la construcción de mecanismos de participación y control popular. Esto significaría reconocer que hemos avanzado como pueblo.

Que el gobierno actual tiene ciertos méritos (más allá de sus límites) aunque el mérito mayor corresponde sin duda alguna a la lucha y resistencia popular.

Es cierto que este gobierno otorgó mejoras presionado por las condiciones impuestas a partir de 2001/02, como luego por el 28 de junio, pero eso es una verdad a medias.

Decimos a medias porque no era mecánico ni inexorable que haya tomado ese rumbo; a menos -repito- que nos guiemos por el determinismo.

Tomó ese rumbo porque -además de la presión- está conformado por lo más progresistas que puede ofrecer la burguesía hoy, con todos los límites que señalamos antes y que prefigura cuál será su papel en cuanto al viento de cola se acabe o cambie de dirección (tal cual lo muestra la aceptación de la auditoria del FMI como reciente aumento de precios de las naftas).

De allí que se pretenda identificar cambio social con subsidios, soberanía nacional con participación testimonial en alguna empresa.

Pero de allí también que una crítica superadora al kirchnerismo no puede realizarse desde en frente, sino de su costado izquierdo, asentándose en la insuficiencia de los hechos y en la necesidad de profundizar, resaltando que para ello es imprescindible la movilización popular.

Debemos asumir que solo la clase trabajadora tiene interés objetivo en la independencia nacional; como también que nuestra emancipación (como clase) es imposible sin la independencia nacional; lo cual significa posibilidad de acuerdos y disputa con sectores del kirchnerismo identificados con la  independencia nacional.

Solo una política así es capaz de dar lugar a un poderosa movimiento popular, sin el cual es muy difícil imaginar un movimiento revolucionario -de masas- de carácter comunista, verdaderamente transformador.


Roberto MartinoPreso político,
Cárcel de Marcos Paz
29 de marzo de 2011



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