sábado, 19 de noviembre de 2016

El antiTrump

Lee que algunos escenarios económicos, preliminares y tentativos, han empezado a dibujar en despachos oficiales sobre el impacto que podría tener en la Argentina la victoria de Donald Trump. Quedó claro que el resultado no entraba en los cálculos del Gobierno y, por lo mismo, puede suponerse que no había tomado recaudos suficientes.

Ya dan poco menos que descontada una suba en la tasa de interés de los Estados Unidos, leve, durante la reunión que la Reserva Federal sostendrá antes de que el 20 de enero Trump asuma la presidencia. Aun así, señalan los especialistas criollos, la tasa norteamericana no es un motivo de preocupación inmediata, pues ratifican que el país mal que bien ha cubierto sus necesidades de financiamiento en dólares.

Con un poco de ayuda del bono que queda dentro del blanqueo, mayor desde luego a la magra cosecha reportada por el que ya venció, los funcionarios calculan que con unos quince mil millones de dólares de financiamiento internacional en 2017, estamos.

Todo lo humano y global nos toca, obviamente. Pero tanto o más nos toca en perspectiva la relación que Trump establezca con China y el modo como ella le pegue a la economía china. Brasil queda entre paréntesis. ¿Y qué decir de todos esos miles de queribles yanquis que, en un hecho histórico para la institucionalidad democrática, se han levantado al grito de “No es nuestro presidente”, y han cortado avenidas y ocupado calles, escuelas y universidades, para darle la malvenida al flamante primer mandatario?

En fin, ocurre que después de los comentarios de rigor esa mañana de miércoles, el chico de quince años, porteño, en medio del aula en silencio que se prepara para la prueba escrita ya acordada para ir sedimentado la gramática de William Shakespeare, sentencia sin más: “Para mí la mejor protesta sería ya mismo lanzar el boicot y dejar de estudiar inglés de una vez por todas”.


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