viernes, 29 de agosto de 2014

Tautología

Finalmente se impuso con la fuerza de su verdad persuasiva, como enseñara Aristóteles, la conclusión que tomó la forma de una tautología: “Somos los que somos”.

Quien haga memoria recordará que en la primera reunión no entraban en el aula. Los profesores de Inglés, Física y Educación Física -sobre todo este último, quien odia que le digan que es de “gimnasia”, y por eso todos se lo repiten a la hora de convocarlo- esta vez se movieron, postergaron actividades laborales, la llegada a casa temprano, el cine o vaya uno a saber qué para acercarse hasta el lugar de la cita colectiva. La gente del gremio la organizó pero no mucho. Uno o dos oradores se limitaron a preguntar si ya conocían los avances de la Nueva Escuela Secundaria porteña, sus diversas orientaciones, las respectivas cargas horarias y los recortes que las mismas suponían para el área de las ciencias sociales, y tras cartón acercaron los datos básicos. Pero el tema central fue el que ocupó la mayor parte del tiempo y el interés: la huelga de la semana que viene. Dos, en realidad, el paro de 36 horas llamado por la CTA que incluía una marcha a la Plaza de Mayo que convergía con el de la CGT del día siguiente.

Casi no hubo discusiones, ni bien se leyeron las razones de las medidas de fuerza el conjunto se mostró de acuerdo con unanimidad; sólo mereció alguna mención despectiva pero sin demasiado énfasis el hecho de que Hugo Moyano agregara al pie el reclamo de “seguridad”, como para congraciarse con otros sectores.
Quedaron en un nuevo encuentro, y esta vez la concurrencia había mermado notablemente. Eran apenas diez y se miraban las caras unos a los otros sin animarse a seguir adelante, sobre todo después de que tanto se había insistido en la necesidad de multiplicare las voluntades y darle al paro un carácter activo.

Las dos chicas más jóvenes, que habían dedicado unas cuantas horas a redactar un documento a manera de síntesis y ordenamiento de los principales puntos de vista que se habían debatido la vez anterior, comenzaron a filosofar sobre los avatares del ánimo individual. Hasta que una tercera decidió cortar por lo sano y mando el “somos los que somos”. Miércoles y jueves muchos fueron los que pararon, muchos menos los que marcharon, el viernes y de a poco las mil voces de la discusión y la experiencia comenzaron a poblar nuevamente la sala de profesores.


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