martes, 14 de abril de 2020

La entrega de alimentos en un cuadro de pobreza


En medio de la pandemia se dio a conocer el último informe del INDEC que es demoledor: el país terminó en el 2019 con el 35,5% de pobreza.

Esta proyección da unos 16.000.000 de pobres. A pesar de que las familias de 4 millones de chicos cobran la AUH (Asignación Universal por Hijo), el informe muestra que entre les niñes menores de 14 años la pobreza aumentó del 46,8% al 52,3%.

El panorama actual indica que esta proyección se agravará en este año por el efecto catastrófico de la crisis del coronavirus aún en curso.

Las denuncias

El esquema de entrega de alimentos que inició el 1ero de abril en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) tiene este trasfondo de miseria social creciente inocultable, que señala a todo el régimen que condena a la infancia a la indigencia y a la pobreza extrema.

En el primer día de entrega de alimentos que finalmente dispuso el gobierno, tal como se venía reclamando desde las cooperadoras, sindicatos y comunidades educativas fue un día de denuncias constantes.

Es que el servicio de alimentación de CABA, a cargo de concesionarias denunciadas por irregularidades, comida en mal estado y restringida para aquellos que hayan tramitado la beca de forma “on line” colapsó en varios puntos de la ciudad.

5 saquitos de té, 5 de mate cocido y 10 barritas de cereal o galletitas como desayuno o merienda para 15 días en los casos de escuelas de jornada simple, o dos cajas de leche, un paquete de arroz, uno de fideos y uno de lentejas, y una lata de atún para las escuelas de jornada completa.

Este bolsón debería cubrir 10 o 15 días y esa es la principal denuncia indignante que recogimos de varias escuelas; además, la canasta, que no es tal, carece de lo elemental para que las familias cuyos hijxs se alimentaban todos los días en la escuela, es decir se quedarían sin alimentos en medio de esta crisis.

En el distrito 11, se detectaron canastas insuficientes para la matrícula real de la escuela. Respecto al Distrito 19, recibimos denuncias similares. Lo mismos repite en otros distritos.

En otras escuelas, hay denuncias de que hubo faltantes de leche, que la fruta y la verdura que se supone iba a componer la canasta llegaría más tarde u otro día, exponiendo al personal docente y conducciones, además de las familias, a presentarse nuevamente para retirar la segunda parte de la canasta.

La situación durante este primer día de entrega, se caracterizó por largas filas desde temprano, incluso bajo la lluvia. Los que cursan jornada simple, solo llevaron lo correspondiente a un refrigerio: 4 barritas de cereal, 4 galletitas, 6 saquitos de té, 5 manzanas, 1 litro de leche, un sobrecito de leche en polvo. Todo para 15 días.

Por último, pero no menor, está la denuncia sobre la exposición sin recursos de prevención que ayer realizaron las supervisiones de todos los distritos escolares de nivel primario y que, eventualmente, se les reconozca como enfermedad laboral si se contagian en las escuelas. Se vuelve a descargar la responsabilidad sobre la docencia y los auxiliares, en lugar de volcar recursos que debería disponer el gobierno para destinar mayor presupuesto para la alimentación y la entrega a cargo de personal especializado en manipulación de alimentos con todos los elementos de prevención. La nueva disposición expone innecesariamente a las docentes y auxiliares, más allá de las que voluntariamente puedan colaborar, no debería ser obligatoria y, sobre todo, sin reforzar con recursos económicos para esta tarea.

Desde Ademys (Asociación Docente de Enseñanza Media y Superior) reclamamos una alimentación de calidad. Para ello se debe arbitrar las medidas para entregar bolsones de alimentos debidamente balanceados (secos y frescos); de carácter universal; el menú debería ser elaborado por los sindicatos, centros de estudiantes, cooperadoras que puedan controlar; a las concesionarias que no cumplan debería rescindirse el contrato y que la entrega pase a manos del Estado bajo comisiones de control de la comunidad educativa.

Mientras la crisis está en pleno desarrollo, los sectores que asisten a los comedores escolares y populares van a ser los más afectados. Los precios de los alimentos están aumentando día a día y ya se cuentan 11 millones de trabajadores desocupados, muchos de los cuales se anotaron para el subsidio de indigencia de 10.000 pesos. La cuarentena vino a agravar la pobreza y la crisis económica que ya estaban presentes.



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