jueves, 20 de enero de 2011

El Teatro Colón es de los trabajadores y el pueblo

Frente a las asambleas y actos masivos en reclamo por 40% de aumento y el cese de las persecuciones, Mauricio Macri insiste con nuevas suspensiones. El kirchnerismo, a pesar de verborragia, comparte el directorio del teatro. Los trabajadores tenemos la tarea de enfrentar esta política privatista con organización y lucha.
El pasado 13 de enero fui notificado en mi domicilio de una extensión por treinta días más -que resultan 60 días en total- sobre la suspensión preventiva dispuesta con anterioridad por la Resolución Nº 547 del directorio.
Es evidente que el director del Ente Autártico Teatro Colón, Pedro García Caffi, solitario firmante de esta nueva resolución viciada de nulidad -pues es requisito tener al menos tres firmas: además de la del director, las de dos miembros del directorio- ignora un fallo que la justicia dictó en mi favor.
Esta acción, dedicada pura y exclusivamente a mi persona, refuerza la política del jefe de gobierno, quien días atrás sostuvo que los trabajadores éramos "cuasimafiosos". ¿Qué tal?
Pero es el propio Macri el que convirtió al Colón en una sociedad anónima, tercerizando las secciones de mayordomía, vigilancia y boletería, luego de haber desplazado a centenares de trabajadores para poder reemplazarlos con empresas privadas. Estas expresiones ponen de manifiesto el proyecto que el gobierno tiene para el teatro y para la ciudad. En su autismo, desconoce la participación de 500 trabajadores del teatro en la manifestación realizada a comienzos de diciembre en la entrada principal del edificio, así como la de 400 trabajadores en las movilizaciones en la entrada de la calle Cerrito y en la Avenida de Mayo -según registro y cálculo de los medios de prensa-.


Recientemente, estalló públicamente cómo una de las tantas empresas a cargo de la reestructuración edilicia fraccionó en curiosos souvenirs los maderos originales del piso histórico del escenario, así como también Mercado Libre difunde por Internet los botones que pertenecieran a los tradicionales uniformes de los acomodadores en 600 pesos. Para no ser menos, la biblioteca y los archivos sufren un tremendo deterioro por el estado de abandono, mientras que el ballet estable denunció públicamente la poca funcionalidad del nuevo piso del escenario, el cual genera lesiones por su falta de elasticidad, entre otros inconvenientes.
Esta descripción, si bien de acuciante gravedad, corre a la par de otras alarmantes situaciones en el marco de las distintas dependencias gubernamentales de la ciudad de Buenos Aires: el desguace de contaduría, liquidando todo control sobre los gastos públicos; hospitales, escuelas; en fin: tantas otras irregularidades que acompañan el creciente deterioro del Estado.
El ministro Hernán Lombardi ofició de provocador, aduciendo que los sueldos del Colón son superiores a los del resto de los trabajadores de la ciudad. Esta declaración no solamente revela la miseria salarial en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires -a pesar de que su gobierno es uno de los que más recauda dentro del país-, sino que pone de manifiesto su total falta de conocimiento sobre la situación salarial en nuestro primer coliseo.
El Sutecba (Sindicato Único de los Trabajadores del Estado de la Ciudad de Buenos Aires) nada hace por los trabajadores del teatro; por el contrario, se reúne a puertas cerradas con los funcionarios del macrismo.
El 14 de diciembre, la justicia falló a favor de tres delegados sancionados, lo que demuestra la ilegalidad con la que se maneja el director peón de Macri. Por su parte, la pata kirchnerista de la gestión del teatro se limita a la acción retórica, sin sacar los pies del plato.
Tanto García Caffi como Macri no se dan cuenta que yendo contra la historia van hacia el fracaso, pues el método de gestión dictatorial y privatista va a ser enfrentado con medidas de acción directa por parte de los trabajadores.

José Piazza, delegado general ATE-Teatro Colón


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