martes, 15 de septiembre de 2015

¿A cuánto el voto?

A él hace tiempo que empezó a picarle el bichito de la política, así que se interesa y sigue temas y cuestiones que a muchos de quienes lo rodean, en su familia, en el barrio y en el colegio, poco le importan. Pero lo de los últimos días fue demasiado, de modo que decidió que era preferible dedicarse a su tratamiento humorístico antes que perderse en innecesarios análisis.

Sobre todo porque lo impresionó muy fuertemente haberse enterado que en Tucumán cada vez que llegan la elecciones la gente anda por ahí preguntando cuánto pagan el voto esta vez, como quien sigue el precio de las papas en el mercado.


Siguiendo esa línea inventó un relato, que se prometió que alguna vez escribiría, en el cual se escenifica un regateo. No, si hace un par de años nos dieron cuatrocientos mangos, ¡¿cómo ahora nos van a querer arreglar con quinientos?! ¿No saben cómo aumentan las cosas todos los días? ¿Y la inflación? No, no, por menos de dos lucas yo no agarro...

Cuando comentó su ocurrencia ya la fue agrandando. Imaginó como escenario la plaza central de la capital tucumana convertida en un hervidero de gente que exige que aumenten ya la cotización del voto ciudadano. Carteles que rezan consignas como “A nosotros no nos van a arreglar con chauchas...”

Finalmente se le ocurrió que muy bien la historia podría continuar en una segunda entrega con una fundación gremial, la del sindicato de los vendedores de votos, que en estos días está luchando por su reconocimiento oficial e impulsa la convocatoria a una paritaria negociadora que fije un precio digno para el sufragio.

Quizás sea un poco mucho, se dice, pero dado el éxito que la historia ha cosechado entre sus compañeros ya está pergeñando el capítulo tercero de la saga.


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