sábado, 30 de noviembre de 2019

Teorema del hartazgo


Primero piensa que deben haber sido esos jóvenes concentrados frente al ministerio de Educación porteño. Se los topó ayer, de casualidad reconoció a un par que fueron sus alumnos; le pasaron un volante y charlaron un rato. Pero quizás no. Tal vez la causa fue la sobredosis del noticiero televisivo de anoche lo que lo puso del peor humor mientras cenaba. Así que hoy entró en la clase y sin que mediara palabra o explicación se lanzó a leer el recorte y repasar los cuadros que acompañan el informe.

Sus alumnos al principio se muestran sorprendidos, acostumbrados a introducciones y protocolos no entienden muy bien en razón de qué lee lo que está leyendo. Pero de a poco le van encontrando sentido y gusto, y siguen lo que cuenta cada vez con mayor atención.

La tesis es sencilla. Los que gobiernan y los que se  postulan para hacerlo no se cansan de repetir cuánto les interesa la educación, pero los números duros de los presupuestos y el estado real de colegios y universidades demuestran más bien todo lo contrario.

En fin, dice al final, como quien firma después de cerrar el teorema, la verdad es que ya estoy podrido de escuchar tanto discurso que lloriquea intenciones y no soporta realidades. Y como pensé que a ustedes podían compartir el hartazgo, nada, se me ocurrió que valía la pena traerles unos pocos ejemplos claros.



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