sábado, 2 de noviembre de 2019

¡Otra que Piaget!

El docente quiere brindar a sus alumnos un ejemplo claro de que la ciencia en la actualidad ya no se desarrolla gracias a geniales individuos que, de manera solitaria, observan las estrellas con su telescopio o se recuestan a meditar complejas formulaciones matemáticas debajo de un manzano. Muy por el contrario, la característica casi exclusiva es la de trabajos en equipo que suman a individuos de diversa y muy especializada formación en sus áreas respectivas.

Se le ocurre como una clara e inmediata ilustración el acelerador de hadrones conocido por su sigla en inglés, LHC (Large Habron Collider). 

Utiliza para mencionar esa monumental experiencia el nombre periodístico con que se popularizó: la “Máquina de Dios”. Con unanimidad los jóvenes del cuarto año transmiten su absoluto desconocimiento sobre el caso, quizás por el simple hecho de que ellos tienen unos dieciséis y las pruebas iniciales con el LHC se realizaron hace ya más de una década. De modo que a continuación el docente se ve obligado a reponer la información básica. Es el acelerador de partículas más grande y energético del mundo -explica-. El Gran Colisionador de Electrones y Positrones convocó para su tarea a más de 2000 físicos de 34 países y cientos de universidades y laboratorios han participado en su construcción; además de incontables informáticos, ingenieros, matemáticos. Utiliza un túnel de casi 30 kilómetros de circunferencia ubicado en la frontera entre Francia y Suiza…

-Como en Flash… -dice una chica asombrada, en referencia a la serie del imparable superhéroe vestido de colorado. Todos se ríen en sus bancos y observan al maestro como si le pidieran perdón por una referencia tan plebeya, que seguramente deja afuera al adulto.

El hombre parado en el frente de la clase advierte la oportunidad y les pregunta sobrador: ¿acaso creen que no conozco a Flash, el origen de sus poderes sobrehumanos y sus más habituales archienemigos?

Y sigue: ¿saben cuál una de las historietas que más disfruté con mis amigos cuando más o menos tenía la edad de ustedes? Aquel ejemplar de la traducción mejicana del clásico original de DC en el que Súperman y Flash compiten para ver quién es el más veloz en el planeta Tierra.

Ni bien las voces de sus jóvenes interlocutores se funden en un “¡¿quién?!”, él hace la gambeta, deja picando el anzuelo del suspenso y contesta “dentro de un rato…”, mientras vuelve al tema original del día.

En las reuniones de profesores siempre joden con la de Historia con que su método pedagógico se resume en la sentencia “retroceder nunca, rendirse jamás”, ahora se le ocurre perfeccionar la fórmula mágica. ¡Otra que Piaget! Retroceder nunca, rendirse jamás + un toque de sabia demagogia.


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