Dudaron pero ya no
había tiempo ni ganas para volverse atrás. Así fue como los más decididos rezongaron el “vamos”, se calzaron las pecheras de la Adu, la Asociación de los Docentes
Pampeanos, y armaron el gazebo junto a la escalinata de entrada a la Facultad de Ciencias Humanas. Allí,
frente a la plaza central de la ciudad de Santa Rosa; y mientras algunos
policías ya avisados cortaban la Coronel Gil, dispusieron los dos parlantes
negros grandes y el micrófono en el centro.
El gran problema era el
viento, el mucho viento frío del sur que cada vez empujaba más fuerte y
ahuyentaba en igual proporción.
De pronto empezaron a
llegar los perros, entre las piernas de los miembros del centro de estudiantes
que levantaban su bandera. Y otros perros y otros, que gruñían, se peleaban
entre sí, sacudían las manos con sus cabezas esperando que les dieran algo de
comer.
Alguno comentó que en
el diario La Arena del último domingo
lanzaron la estimación de que en la capital de la provincia de La Pampa había
unos setenta y cinco mil perros, la mayoría de los cuales vagabundean por las calles. Una cifra que nadie
sabía de dónde había salido, pero que, dada la evidencia, ganaba verosimilitud.
Tres profesores se
turnaron para homenajear a la Reforma Universitaria de 1918 y dar cuenta de su
importancia y actualidad desde diversos puntos de vista. Hubo aplausos, para
quienes hablaron y para quienes, aunque no en gran cantidad, se le atrevieron a
los rigores del clima. Pero mientras se dispersaban el tema único de las
conversaciones eran los perros.
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